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11 de junio de 3081
Las cosas se están poniendo cada vez más feas. Ya son cuatro las naves vergessinas y tres
las viajeras que he encontrado destruidas. Lo peor del caso es que, después de haberlas analizado
y confrontado los respectivos armamentos, he llegado a la certeza de que ninguna ha sido
derribada por los otros. He perdido dos días analizando los restos, pero mi tiempo no vale mucho
y creo que mereció la pena.
La conclusión es muy preocupante, pues todas las naves fueron alcanzadas por el mismo
tipo de arma y nunca supe de civilización alguna que hubiera desarrollado ese tipo de artillería.
Por lo que pude deducir, el cañón utilizado no se basa en hacer incidir un chorro de
energía sobre un punto determinado, sino de arrancar de cuajo el punto elegido.
Quien quiera que haya derribado esas naves las ha atacado con algo parecido a un chorro
de antimateria, y eso es algo que nadie, nadie, ha conseguido sacar del campo de la ciencia-ficción.
Al principio este asunto me ponía nervioso. Ahora confieso que estoy realmente asustado.
Desde luego, estaba preparado para enfrentarme a lo desconocido, pero nunca pensé que me
toparía con algo así.
En una de las naves del planeta Olvido encontré dos cadáveres, y también un traductor,
así que se acabó el problema de tener que grabar los mensajes. También me traje a bordo un
equipo de comunicaciones intacto, aunque dudo que mi soporte energético me sirva para
utilizarlo.
Hasta que llegue al planeta donde murió Silva voy a intentar contactar con los
vergessinos, si logro activar el aparato, pero mucho me temo que se hayan ido de esta área
después de lo sucedido. Lo malo es que lo que atacó a vergessinos y viajeros puede seguir aún
ahí, con las mismas intenciones.
Hasta ahora sólo activaba el sistema de detección lejana de vez en cuando, para probarlo,
pero desde hace unos días llevo encendidos todos los mecanismos, y las armas dispuestas para ser
utilizadas en cualquier momento.
De todos modos no he querido ser alarmista y viajar en zigzag.
Lo que haya de ser, será.
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