|
27 de mayo de 3081
Hoy me he encontrado algo mucho más grave que los restos de una nave vergessina: me
he encontrado los restos de una nave viajera. ¡Y yo que pensaba que estaba solo en esta zona!
Lo más probable es que tanto la nave de Vergessenheit como la viajera fueran destruidas
hace mucho tiempo, pero no deja de darme miedo saber que han estado por aquí esos salvajes de
los viajeros. En este caso había dos cadáveres en el interior.
He abordado la nave y me he llevado toda la cartografía que encontré en soporte físico.
La que estaba en soporte informático no pude verla, porque los ordenadores habían quedado
inutilizados.
Todas los indicios llevan a pensar que ha habido un enfrentamiento entre viajeros y
vergessinos, y es una pena, porque si es así no podré contar con la ayuda de estos últimos para
buscar la Tierra. Se ve que los viajeros fueron a buscar pelea con nosotros, y como no nos
encontraron, se agenciaron otro enemigo inmediatamente.
Aunque, la verdad, no me imagino que pueden tener los vergessinos que les interese a los
viajeros, si viven a montones de años luz los unos de los otros.
Lo de tener que usar material primitivo para escribir este diario me lleva a tener que hacer
la tinta yo mismo, así que el color cambia igual que el vestido de una bailarina. No me fío del
soporte informático porque, en caso de haber problemas, nadie querrá llevarse un cuaderno de
miserable celulosa, pero cualquier pirata se llevaría el ordenador de una nave terrestre
.
La verdad es que a mí también me encantaría robar el ordenador de una nave viajera, o
mejor aún, de una nave kneip. ¡Esos sí que deben de tener un archivo cartográfico impresionante!
Su universo conocido debe de ser por lo menos el triple del nuestro.
Lo que aún no hemos averiguado es qué demonios sacan de tanto perseguir cometas.
Sólo los viajeros han conseguido capturar una nave kneip por sorpresa haciéndola caer
en un campo de energía cuando iba siguiendo a un falso cometa. Con los tripulantes les pasó lo
que a nosotros, que se les murieron enseguida, pero lo que aprendieron de la tecnología de la nave
les dio tanta ventaja que nos hicieron suspender el tráfico espacial. Durante un tiempo los viajeros
fueron los amos absolutos de la zona.
Después apareció nuestro gran almirante, Karl Donalds, que logró limpiar el espacio de
patrullas viajeras con un truco tan diabólico como los que suelen emplear los propios
centaurianos. Lanzó al espacio un montón de naves pequeñas, tripuladas por media docena de
hombres. Eran naves "negras", demasiado pequeñas para ser detectadas hasta que no estaban
cerca.
Uno de estos lobos, que así se llamaban las naves de Donalds, logró capturar una nave
viajera intacta y de ese modo conocimos nosotros también los secretos de los kneip; en cuanto
se igualó la balanza reinó de nuevo la paz.
Esta visto que la paz se consigue sólo teniendo unos dientes tan largos como los del
adversario. Así, los dos, mientras se enseñan los colmillos pueden simular que se sonríen.
|